LOS OTROS, LOS MISMOS: Copiando realidades de ciencia ficción fatalistas

retrato

SUEÑO UNO: EL PORTAL

X llevaba cuarenta minutos dentro del bus. Iba camino a su casa y como todas las tardes, la hora pico paralizaba el tráfico. Largas filas de carros se movían como una lista de desahuciados esperando turno en una EPS estatal. Cada dos o tres minutos el bus avanzaba unos centímetros. Dentro, una sola masa de ojos, caderas, barrigas, pelos y manos daban vida a un monstruo rectangular que se movía como pudín a ritmo de reguetón y frenazos. X que tomaba el bus al inicio de la ruta, era uno de los afortunados que iba sentado, incluso cuando había una joven que cargaba un bebé a la que nadie le daba el puesto. La madre, que no sobrepasaba los 16 años, manejaba la situación como si fuera sobre una tabla de surf con un morral de colegio.

Mientras el bus andaba, cayó el atardecer y las luces de la ciudad comenzaron a encenderse. Una a una, diferentes manos movieron los interruptores y llenaron de amarillo las ventanas.

X pensaba en su día de trabajo. Estaba agotado porque faltando poco para cerrar el minimercado, tuvo que atender durante hora y media a un gordo que le preguntaba una y otra vez por los precios de los dulces importados, para terminar comprando una caja de seis huevos.

La imagen del gordo lo llevó a fijarse en las manos rechonchetas de un hombre que se sostenía de la silla del frente. La protuberancia de su barriga rozaba las mejillas de una anciana que dormitaba al lado de X. Cuando el bus perdía su cadencia de cuna y frenaba bruscamente, la anciana abría los ojos, decía algo relacionado con vacas y volvía a dormitar.

X se sintió contagiado por el sueño de la mujer que expedía un olor a talco de niño y seda con chucha. Todavía faltaba una hora larga para llegar a su casa.

Hacía calor dentro del bus aunque afuera la noche cobijaba la ciudad con un manto de neblina. X limpió su vidrio empañado y vio otro bus hermano con la luz prendida al interior. Caras aburridas, caderas apretadas, ojos dispersos o cerrados, algunas bocas mascullando. Cuerpos empacados al vacío.

La imagen se hizo borrosa. Unos senos que se bamboleaban fueron lo último que enfocó antes de quedarse dormido.

***

X seguía sentado en el bus. Llevaba 45 minutos desde que se había montado en el paradero y aún le faltaba una hora larga para llegar a su casa. A su lado, una anciana dormía recostando su cabeza sobre la barriga de un gordo parado junto a ella. El olor generalizado era una mezcla de sudor y chucha y talco perfumado. Una jovencita que iba de pie cargaba un bebé como un morral de colegio. Nadie le daba el puesto.

En la radio sonaba reguetón.

X miró por la ventana y vio un bus hermano donde un hombre sentado pegaba su nariz al vidrio. Junto a él una anciana dormía apoyada en un gordo, diagonal a una joven que cargaba un bebé. El bebé tenía forma de morral.

La música de la radio se detuvo para dar espacio al reporte de seguridad: Desde que todas las personas habían accedido voluntariamente a proyectar su intimidad en el portal WTF creado por la agencia estatal de seguridad y el apoyo de los creativos La Hipstería, la vigilancia colectiva había logrado lo que nunca antes los cuerpos de policía. La ciudad era hoy por hoy, más segura y tranquila. El gobierno esperaba aumentar el próximo año el presupuesto para robustecer la plataforma de manera que todas las transacciones electrónicas pudieran hacerse desde ahí, y además cerrar el acuerdo para la compra de instagram.

Afuera las luces de la ciudad se encendieron y llenaron de amarillo las ventanas. Una a una, millones de manos cliquearon el interruptor.

X se sintió adormecido. Unos senos que se bamboleaban fueron lo último que enfocó antes de quedarse dormido.

SUEÑO DOS: LOS AMIGOS

X un hombre sin rostro, una denominación que indica cualquier cosa, lugar o situación, era un recipiente vacío que se llenaba contemplando las actitudes íntimas de los otros.

Al llegar a su casa, se sentó frente al portal WTF.

Ye, Zeta y DobleA, los tres «amigos” que más seguía, repetían sus rutinas como todos los días de todas las semanas.

Primero estaba Ye. Una mujer sexy y elegante, seguramente en la mitad de sus treintas. Su cuerpo era generoso en curvas y color. Ye era aprendiz de samba y coleccionista de búhos. A X le gustaba pensar que era contadora aunque ella no lo aclara en el perfil de su página. Ye no tenía novio pero gracias a las fotos que colgaba, era obvio que se acostaba con el hombre que se ubicaba en la casilla número dos de su conteo de observados: El policía.

En efecto, Zeta era un policía en el auge máximo de su carrera. Era hombre fornido, de piel bronceada, corte de pelo raso y cabeza un poco cuadrada. Su ropa siempre estaba impecable y usaba un suavizante al que le gustaba darle likes. En su casa tenía una pera ovalada y una barra con pesas rusas que usaba para su entrenamiento espartano.

Ye y Zeta se juntaban normalmente los viernes en la noche a copular. Se dejaban mensajes en el Wall de sus perfiles y así cuadraban sus citas. El cortejo era fácil y aunque X no podía ver el momento del brego sexual, se lo perfilaba sencillo pero rudo como cualquier ejercicio de abdominales.

Finalmente, su tercer favorito era un adolescente llamado DobleA. Un joven de 20 años a lo más. Tímido y solitario. El chico era poco interesante, no tenía fotos de rumbas ni paseos en su perfil. Su vida era sedentaria y su cara sufría de un acné que la hacía brillante en extremo. Ni siquiera las fotos en sepia lograban disimular la grasa. X lo seguía porque desconfiaba de los personajes silenciosos y esperaba el día que lograra despegarse del portal, porque DobleA siempre estaba online.

Este era el mundo de X. Finalmente, cuando no estaba espiando a los otros, se ganaba la vida como cajero de un minimercado que quedaba a dos horas de su casa.

SUEÑO TRES: EL DÍA CERO

A partir de la inauguración del portal y con la certeza de que la vigilancia conjunta convertiría a la ciudad en un lugar seguro y sin riesgos, se decidió que la jornada laboral sería de 24 horas y sólo se mantendrían las empresas prósperas. En adelante todas las personas harían turnos en sus trabajos y mensualmente se mediría la rentabilidad de los mismos. Negocio que no diera ganancias sería obligado a cerrar y sus empleados se contratarían en el tratamiento y reciclaje de las basuras. El mismo trabajo se destinaría a los desempleados.

X había logrado conservar su empleo en el minimercado haciendo turnos de doce horas. Se contentaba pensando que a pesar de tener un sueldo miserable, no era un reciclador.

Cosa distinta sucedió con Zeta, el policía.

Con el paso de los meses después del día cero, la vida había vuelto lentamente a su rutina. Pero efectivamente los niveles de delincuencia bajaron dramáticamente. Las persecuciones policíacas que tanto entrenamiento espartano requerían, se volvieron cosa del pasado.

Zeta estaba destrozado y todos lo notaron cuando comenzó a beber a cualquier hora, colgar sus fotos borracho y escribir frases de Og Mandino en su Wall para darse moral. Aunque al principio el policía trató de ser un ejemplo de pulcritud y disciplina para la ciudadanía, su optimismo se quebró cuando la necesidad de contar con sus servicios comenzó a ponerse en duda.

El Departamento de Seguridad quiso ocultarlo, pero era evidente que ese era, entre otros, un ejemplo de negocio no rentable: la ciudad era auto-controlada por sus habitantes. Entonces se cerraron definitivamente varias unidades, dejando solo las relacionadas con delitos cibernéticos. Esa tarde, más de dos mil policías, entre esos Zeta, fueron enviados a los centros de desempleo para que les asignaran uno de los basureros de la ciudad.

En ese momento Ye lo desagregó del WTF.

Ella, que inicialmente había utilizado el portal para mostrarse audaz y liberada, incluso irreverente, poco a poco comenzó a sentir que era hora de casarse. La invasión de fotos de bebés recién nacidos en los Walls de sus amigos, reportando el minuto a minuto de su existencia, la hacían sentirse una mujer triste y sola. Por supuesto, pensó en Zeta como marido pero al notar su decadencia desechó la idea, especialmente cuando leyó en su perfil que ahora era reciclador.

Entonces la contadora comenzó una estrategia de búsqueda. Se afilió a varios portales para encontrar pareja y finalmente logró conocer a un hombre que en la foto aparecía con una hermosa sonrisa con braquets. A las pocas semanas comenzaron a escribirse mensajes de amor públicos, se taggearon postales con corazones y pájaros y finalmente, un día apareció en el estado de Ye que estaba engaged.

La boda fue por lo alto y 1500 fotos que tomaron en la fiesta, sin contar las que hicieron sus amigos, fueron subidas a su perfil. Un video de la hora loca, donde el novio le agarraba la nalga a su esposa tuvo 200 likes. La noche anterior a la boda, el futuro marido terminó su tratamiento odontológico y anunció en su perfil que estaba feliz de iniciar una nueva vida al lado de una gran mujer y con sus dientes ordenados.  

Quien definitivamente no cambió su vida fue DobleA. Con el paso del tiempo después del día cero, el chico aún tenía la cara pegada al computador, mientras comía papas fritas y se quejaba de su desgracia. Seguía sin postear fotos de fiestas, paseos o novias en su portal. Aún sufría de acné y ni siquiera había cambiado la foto sepia que tenía de perfil. A pesar de su parca vida adolescente, no era enviado a un basurero porque seguramente desde su silla era uno de esos hackers que contrataban para birlar códigos de seguridad. O al menos eso imaginaba X.

X, quien al principio se había deleitado mucho con la exposición de todos, con el tiempo comenzó a aburrirse de sus vecinos. Entonces decidió usar sus tardes de tedio para ir por otros barrios en busca de excentricidades. Pero era inútil. Al final de sus largos recorridos, todas las personas le resultaban tan tediosas que comenzó a sentir que su profesión de voyeur era perrateada por tanta información basura que se trasmitía en rotativo por toda la ciudad. Aún más basura que la basura física que llenaba las calles.

 

SUEÑO CUATRO: EL GRAN FINAL

Surgió de la nada como siempre con las buenas ideas. X se encontraba limpiando la estantería del minimercado, cuando decidió iniciar una revolución para traer de vuelta la privacidad. Por supuesto, él no lograría un gran apagón y mucho menos quería morir en el intento, inmolándose para que otros le agradecieran como a un mártir.

En realidad, su revolución era precaria e individual, pero no por eso dejaba de valer la pena. Para la planeación X se valió de: 1) Sus conocimientos del ser humano y especialmente su total indiferencia; y 2) Los problemas que tenía con su conexión a internet.

Sobre la base de estos dos pilares levantaría su gran proeza, la cual realizaría un día cualquiera que no llegara tan cansado del trabajo.

En efecto, el viernes a las siete X se armó de valor, eliminó su perfil del portal y canceló su suscripción a internet. Una vez terminó, notó que nadie lo había advertido. Nadie lo extrañaba. Nadie se intrigaba por lo que sucedía tras ese único lugar oscuro en toda la ciudad. A pesar de lo inútil de su acto, se sintió feliz.

Entonces pensó qué sucedería si eliminaba todos los perfiles, mientras descansaba acostado en el piso de su casa. Imaginó el caos que crearía, a lo mejor habría algunos muertos y los crímenes volverían en cuestión de minutos. Sería un momento tan maravilloso que a partir de ese día, se modificaría la fecha de fundación de la patria. Sería un héroe o un terrorista. Todos lo respetarían o temerían.

X dejaría de ser un recipiente vacío, una denominación para cualquier cosa o lugar.

Pero no tenía el conocimiento para hacer nada de eso. Ni siquiera el estado físico para correr, si los antiguos policías llegaban a apresarlo.

De pronto recordó las reglas del entrenamiento espartano y sintió ganas de hablar con Zeta. Pobre hombre, pasar de policía a reciclador. A lo mejor le vendría bien contarle a alguien sus tristezas, almorzar con X una tarde en el que llegaran también Ye y DobleA. Una comida en donde los cuatro hicieran una mesa redonda y, finalmente, conocieran sus verdaderos nombres. Pero tampoco tenía el conocimiento ni las ganas para hacer eso.

Con estos pensamientos X se quedó dormido y se despertó al día siguiente aún acostado en el piso de su casa, con una notificación bajo la puerta. En el telegrama, el gobierno le informaba que el minimercado había sido cerrado por falta de rentabilidad. Punto seguido, le indicaba el basurero en donde tendría que trabajar en adelante.

X como ciudadano promedio hizo lo indicado y agradeció vivir cerca a la estación de buses y poder hacer el recorrido sentado.

(La imagen que aparece al inicio de este texto fue robada de internet hace muchos años. Ya no recuerdo su procedencia)

Publicado por Adriana Puentes

Me gusta pensar en la vida como un viaje en bicicleta. Viento en la cara, el cuerpo a tope de placer y movimiento, amigxs en cada parada y naturaleza viva, conectada, en transformación y conexión. Estoy convencida de que estos viajes, así como la vida en sus diferentes capas de complejidad y diversidad, son políticos, y que, en el diálogo y la apertura de los sentidos, hay un enorme poder de creación y cambio. Creo en la planeta que somos y en nuestro deber como animales humanos de ajustarnos a los límites del mismo. Creo en la simbiosis, como la forma de evolución que no parte de la supervivencia del más fuerte, sino de la cooperación y la comunidad como fuente que sostiene la vida. Me gusta dibujar, escribir, bailar, moverme. Además soy mamá.

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