Mi nombre es Manzana

Es de noche en el Bote, casita roja, final del sendero a la montaña.

Intentas dormir a tus hijos. Estás cansada. La vida aquí está compuesta de pequeñas actividades que te consumen toda la energía, incluída tus nuevas actividades favoritas: Barrer hojas, polvo y zancudos muertos que se amontonan en las esquinas y revisar el compost seco que no has podido sacar avante y vive lleno de moscas de fruta.

Emmanuel se duerme primero, la succión de la teta lo adormece. Lo anestesia. Nina necesita algo diferente.

– Mami, cuéntame una historia

 

Mi nombre es Apple, que quiere decir manzana. Yo no soy una manzana, pero mi nombre es manzana, porque Apple es manzana pero en inglés.

Inglés es otra lengua, que habla gente que también tiene boca y también tiene lengua, pero que cuando se comunica entre sí, dice otras palabras, incluso para nombrar las mismas cosas. Y no dice manzana sino apple.

Cuando yo digo manzana, como mi nombre que es Apple, me imagino una verde y redonda, sin una pequita, ni partes blandas. Una manzana en su punto perfecto para morder. La cáscara cruje y el jugo sale, pero antes de que caiga y unte mi pelaje, alargo mi  lengua y detengo el néctar que baja. Es dulce. Es ácido. Por eso amo esta manzana. Su cáscara es verde, ya lo dije, pero ahora creo que es verde clara, algo amarilla. Una de esas manzanas que traen de lejos. Habría que caminar años para llegar a esa tierra donde siembran y cosechan las manzanas verdes amarillosas, que crecen en árboles frondosos de tronco delgado como vi en una película. Manzanas que les dicen Golden, aunque su color sea verde y no dorado, pero así son las palabras, dicen una cosa que no es, pero uno entiende que sí es, así no sea lo que los ojos ven… o lo único que ven. 

Unas personas de rostro difuso, con manos enguantadas y gruesas, son quienes siembran y cosechan esas manzanas verdes amarillosas, golden. Hombres y mujeres que respiran un aire que no sé a qué huele y hablan en palabras que no he escuchado jamás, y que nunca me cruzaré por los caminos de mi campo y que no sabrán jamás que me llamo Apple y que eso significa manzana y que la manzana que yo imagino es esa que ellos han recogido. Y después de recogerla, las manos ponen las manzanas en una caja, donde hay otras manzanas que han cosechado antes de esa última que es la mía, la que yo muerdo, la que se llama Apple en inglés, igual que yo. Y la caja llena es ubicada en un camión y transportada  miles de kilómetros y miles de kilómetros más, y la manzana no lo sabe, pero por la ventana del vehículo, pasan montañas y cultivos, edificios, casas de lata, lluvia, mujeres campesinas y niños, animales amarrados, noche, día y frío. Y pasan nubes blancas y grises, si es que la manzana no viaja por tierra, sino que vuelva, y un océano azul y café que también es mar y también es río, si es que la manzana viaja por barco. Es que no sé de dónde viene mi manzana, y cómo llega hasta mí, solo sé que es lejos y que hay mucho gasolina quemada para que esa manzanita verde amarillosa Golden llegue al supermercado donde voy con la niña humana que yo tengo y que me deja afuera, amarrada con una correa, esperándola porque los perros no somos bienvenidos en el supermercado. Pero desde la puerta que es enorme, yo alcanzo a ver las manzanas que son como frutas brillantes y doradas (y por eso les dicen Golden) que más parecen joyas y no comida, que de tan perfectas me hacen dudar  ¿por qué si crecen en los árboles a los ojos de los pájaros, no tienen ni un picotazo?

 Y como yo sí tengo picotazos, porque el otro día jugando con Pascual, me hizo un aruñón, entonces me pregunto si soy esa manzana tan perfecta que parece decoración. No lo sé, pero curiosamente pienso en ella cuando digo Apple que significa manzana pero en inglés. Aunque si me miro, yo no soy verde, sino dorada, labradora Golden y, claro, ahí puede estar la conexión. Soy la manzana Golden, que es un poco verde. Y soy amarilla como la carne de una manzana mordida.

Pero, si esa manzana de mis sueños tan perfecta es tan lejana, de dónde vendrá esta Manzana que soy yo, en español? ¿Acaso tampoco soy de aquí? Y alguien a mi también me recogió en un camión? 

Soy amarilla como la manzana mordida que después de partida se vuelve podrida. Podrida que es igual a estar color café negro, sin bellezas exageradas y sin brillante. Ese es el color del barro donde me ensucio cuando juego, el color de algunos insectos, de las lombrices que a veces descubro cuando escarbo la tierra, y que me gusta perseguir mientras vuelven a ella, asustadas. Café negro es el color de los troncos de los árboles, de algunas noches pardas. Café negro es el color del corazón de todas las manzanas cuando vuelven a la tierra a morir y renacer.

 

manzano

(Imagen tomada de internet: https://blog.jj-properties.be/nue-propriete-usufruit/)

Publicado por Adriana Puentes

Me gusta pensar en la vida como un viaje en bicicleta. Viento en la cara, el cuerpo a tope de placer y movimiento, amigxs en cada parada y naturaleza viva, conectada, en transformación y conexión. Estoy convencida de que estos viajes, así como la vida en sus diferentes capas de complejidad y diversidad, son políticos, y que, en el diálogo y la apertura de los sentidos, hay un enorme poder de creación y cambio. Creo en la planeta que somos y en nuestro deber como animales humanos de ajustarnos a los límites del mismo. Creo en la simbiosis, como la forma de evolución que no parte de la supervivencia del más fuerte, sino de la cooperación y la comunidad como fuente que sostiene la vida. Me gusta dibujar, escribir, bailar, moverme. Además soy mamá.

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