hoy sigue siendo mayo

Intro

Inicié este texto en mayo, con la intención de terminarlo en mayo.

Pero es junio.

Y junio no es mayo

Mayo es solo un nombre, un mes, unos días agrupados en 31 momentos en los que vemos el sol salir y ocultarse. Justo después de otros movimientos iguales, agrupados con el nombre de Abril.

Mayo es un conejo. Uno negro.

¿De la suerte?

No, no es de la suerte.

Escapó y Tomillo se lo comió.

Tomillo es un perro y no tuvo reparos en comerse a Mayo.

Así pudiera afectar el tiempo.

Este texto lo inicié en mayo. Pero hoy es junio.

Y en este junio, contaré lo que quería contar en mayo, esperando que me entiendan. No tengo razones para no haber terminado el texto antes. Mi jefa, que soy misma, me dio ese plazo y no lo cumplí. Pero mi jefa, que a veces entiende y aún no me despide, aceptó el texto con delay. Porque sabe el detalle de mi vida con Mayo. Y también sospecha que nadie más que ella, esperaba este texto.

***

De nuevo es mayo.

Trece de mayo hoy

Catorce de mayo mañana

Fuimos al pueblo, montando bicicleta, Emmi y yo.

Varios días sin llover. A veces temo que empiece de nuevo el verano

Pero también le temo a las lluvias que no paran.

Es el agua líquida, una forma muy escasa de la materia en el universo conocido.

Es el agua líquida, la que ahoga

En el día de la madre, pasamos junto al agua en forma de río y la felicitamos.

Es el agua, la madre de todas las madres.

Retomo

Fuimos con Emmi montando bicicleta al pueblo.

Emmi es Emmanuel.

Emmanuel tiene siete años

Al regresar a casa, subimos por un camino empedrado que va hasta la iglesia Santa Bárbara. No entramos a la iglesia. Desviamos por el adoquín. Es una zona elevada junto al pueblo, desde donde se pueden ver las casitas, el polideportivo, la gente, el cementerio.

El cementerio.

El cementerio tiene un terreno para una cantidad limitada de muertos. Algunas tumbas se ubican encima de otras en una pared. Un grupo completo de cuadrados negros estaban vacíos y todos juntos, eran un panal de abejas.

“Los mausoleos se dividen en dos tipos principales: públicos y privados. Los públicos albergan a varias personas sin parentesco”, dice Wikipedia. Pienso que el parentesco no es solo nuestro linaje de sangre, sino también nuestro vínculo como terrícolas.

Los cementerios de este tipo, pequeños y con flores coloridas, me parecen bellos desde que era pequeña. Y siendo pequeña me preguntaba si estaba bien que me parecieran bellos. Era extraño que un lugar asociado al dolor de la muerte, tuviera tanto color en forma de pétalos.

Emmi y yo nos detenemos.

– Mira, ese es el cementerio de Tabio

– En serio?

– Si

– Ahí está la gente muerta?

– Sí, ahí se pone el cuerpo de algunas personas que mueren.

Viene a mí la necesidad de explicar que el cuerpo no se puede quedar indefinidamente en ese espacio, que la descomposición toma mucho tiempo, y que hay que ser propietario para tener todo ese tiempo para esperar, que morirse cuesta dinero y que es increíble que para eso también haya que tener plata. Las palabras me suben por la garganta como espuma a punto de salir, pero las detengo. Pronto se dispersan en el aire que sale por mi nariz y tal vez, las orejas… aunque técnicamente, no hay camino que conecte la garganta con las orejas.

– Mami, ¿a mí quien me va a enterrar?

– No lo sé, tal vez tu familia nueva. Tus amigos. … Yo no quisiera enterrarte. Pero creo que tú tendrás que enterrarme a mí.

– Yo no te quiero enterrar.

– Yo tampoco te quiero enterrar a ti.

(silencio)

– Mi mamá decía que quería que todos muriéramos en un accidente colectivo, y así nadie estaría triste por la muerte de nadie. Pero el tiempo pasó y el accidente colectivo nunca llegó. Así que mi mamá comenzó a decir que ella quería morirse primero que todos.

– Se le cumplió el sueño a tu mamá.

– Si.

– Y lloraste mucho, mami?

– Sí, lloré. Todavía tengo lágrimas para ella. Pero… no quisiera verla viva y enferma. Al final ella estaba muy mal. La muerte fue un alivio. La muerte también es un regalo.

– ¿Y se murió de una?

– … No lo sé. Pasó algo. Su cuerpo se quedó moviéndose, como si respirara. Ella ya estaba muerta, pero su cuerpo tenía un movimiento involuntario que daba la sensación de que aún estaba ahí, viva, con nosotros. Solo hasta que pasó ese movimiento, los médicos dijeron que estaba “oficialmente” muerta.

Fue como un eco de la vida.

– ¿Y ahora ella dónde está?

– Desparramada por ahí, supongo. En todo lo que existe ahora.

– ¿Incluso en mí?

– Si, incluso en ti Emmi. Incluso en mí.

El cuerpo es como una bolsa de azúcar. Morirse y desparrarmarse es como si esa bolsa de azúcar se regara en el piso, volara con el viento, llegara a un chocolate, se disolviera entre la tierra húmeda y así.

– Se volviera postres… helados…

– Sí, postres y helados. 🙂  

***

Nina llega de la escuela. Le contamos de nuestro paseo en bici. Ella también está feliz. Trajo su libro de español a casa. En el libro hay un poema que le gusta. Libera el libro de la maleta, encuentra la página y lee para mí en voz alta.

 “Palabras, palabras y más palabras” de la escritora chilena Cecilia Beuchat.

El poema dice

Palabras dulces como el azúcar

Como el azúcar de los postres y helados que también contienen nuestra materia desparramada.  

El poema dice
“Palabras tristes como

guerra, hambre, desilusión,‎

Palabras largas como peluquería,‎
helicóptero, paralelepípedo,‎
y otras cortas como rey, pan y sol”.‎

A Nina le gusta el poema. Las palabras la provocan. Son bellas ellas solas. Como las flores del cementerio, las cosquillas en la panza, la saliva de la lengua con caramelo, manjar o miel.


“Libélula, calendario
coleóptero y vaivén”

“Palabras coloreadas
como arco iris y tornasol;‎
palabras saltonas como zurcir y ‎tintinear.‎
Palabras gordas como globo y bombón.”

Palabras como besos. Besos como montañas. Montañas que se derrumban y aplastan.

– Mamiiiii, me estás aplastando en serio!!!

***

Queridas gentes,

Gracias por leer. Siempre que encuentro que hay personas del otro lado, leyendo mis textos, me atropella/estallada/aplasta/alegra la alegría de sentir que mis monólogos son polígonos. ¿Se imaginan que el opuesto a monólogo fuera polígono y no diálogo?

¡Todo sería tan distinto!

Tengo que contarles algo que me pasó en mayo.

En mayo estuve en Refugia Chicaque, con la gente de Mundo Común. Ya sé que no saben qué es… calma… voy a explicar.

Mundo común es una organización que hizo una convocatoria a liderezas ambientales y educativas para ofrecerles una experiencia en torno al cuidado individual y colectivo. Esa experiencia se llamó Refugia y se hizo en el parque Chicaque.

La palabra Refugia vino del concepto de los bolsillos de semillas. Semillas como promesas de regeneración de los territorios. Es decir, “las refugias” son estrategias de la Naturaleza creadas para que los ecosistemas se recuperen después de que son arrasados, haciendo bolsillos de semillas que se tiran por ahí… random… para que, apenas caigan las primeras gotas de lluvia, …bbbrrrroooogggrrrrr… el verde vuelva a retomar el monte.

Amé poder ir. Conocer a otras mujeres. Verme a mi misma ahí, como si fuera cierto que hay gente tratando de hacernos imaginar distinto.

La palabra bolsillo es preciosa. Y aunque me evoca un puñado pequeño de pepitas promesa, la verdad es que siempre que me fijo, veo que las semillas está tiradas en todas partes, no están en bolsillos, sino en grandes lonas, telas, cortinas… la tierra como una gran sábana. Todo el suelo tiene el potencial de ser sustrato de regeneración, y las semillas con él.

Todo el suelo, un gran bolsillo.  

Toda la humanidad, semillas.

Nuestro actuar, la promesa de regeneración.

Refugia, un laboratorio. Un prototipo. El espacio para que ensayar, una y otra vez, el contarnos historias distintas que nos lleven a transitar a otros mundos posibles.

Historias desparramadas, como promesas de una imaginación que nos haga ser y hacer distinto. Más pequeño, mundano, simple, amoroso.

Durante mis días allá, escribí esto. Una oración para aprenderse con mis hijes y ponerla detrás de una estampita.

Una retahíla, una copla, un poema: palabras, pabalras, raspalbas:

“Agradezco a la Tierra,

que se regenera a sí misma

A la belleza de todo

lo que se muere y

a su estancia larga

en esa muerte.

A la vida que insiste,

se abre paso.

Terca.

Valiente.

A la creatividad infinita.

Agradezco a las orugas y los bichos

que perforan las hojas y dejan pasar luz al dosel.

A toda la gente que canta

y se llama para ir a cenar

hacer el amor

a decirse algo crucial.

Al tiempo largo de las rocas.

A la esponja blanda que vive

en los troncos de los árboles.

Agradezco

a la araña que me visita.

Al olor a humedad.

Al agua primitiva

que cargamos adentro

desde que decidimos

abandonar el océano”

Las mujeres que fuimos Refugia, estamos aquí sentadas.

Gracias por leer.

Publicado por Adriana Puentes

Me gusta pensar en la vida como un viaje en bicicleta. Viento en la cara, el cuerpo a tope de placer y movimiento, amigxs en cada parada y naturaleza viva, conectada, en transformación y conexión. Estoy convencida de que estos viajes, así como la vida en sus diferentes capas de complejidad y diversidad, son políticos, y que, en el diálogo y la apertura de los sentidos, hay un enorme poder de creación y cambio. Creo en la planeta que somos y en nuestro deber como animales humanos de ajustarnos a los límites del mismo. Creo en la simbiosis, como la forma de evolución que no parte de la supervivencia del más fuerte, sino de la cooperación y la comunidad como fuente que sostiene la vida. Me gusta dibujar, escribir, bailar, moverme. Además soy mamá.

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